12 jul. 2007

Mahoma no previno la globalización (y/o el turismo)

Con todo mi respeto para la comunidad musulmana.

En esta época de veraneo, la ciudad de México parece más bien Malibu, hay albercas por todas partes. Sin contar las playas que tuvo a bien construirnos nuestro jefe de gobierno, corremos con la suerte de inundarnos cada tercer día y se abren grietas con una profundidad antojable como para llenarlas de agua e ir por nuestro traje de baño.

Luego entonces, me nació una duda, de las mas metiches y geniales que he tenido, por cierto.

¿Cómo hace una mujer musulmana para meterse a una alberca o bien, al mar? ¿cómo resuelven el tema de la extrema exposición del cuerpo femenino que trae consigo el portar un bikini, ya no digamos una tanga?

Entiendo el contexto del Islam y me parece que esta es una duda que no tiene lugar, pues, aunque el ambiente desértico se antoja como para una buena alberquita, este tipo de lujos simplemente no son propios. Por tanto, el tema del bikini no es precisamente motivo de polémica. Sin embargo, los tiempos han cambiado y la gente viaja, emigra; nuestro siglo es el siglo del movimiento, y cada vez más, las limitaciones interculturales son resueltas por el mercado. Así es como tiene lugar el Burqini, híbrido lingüístico que nace de las palabras burqa y bikini.
Señores, les presento el traje de baño para las mujeres islámicas, todo un éxito del intercambio cultural en estas fechas